La historia comienza asi. Ayer fui a buscar al Adolfo, nada, para variar, caminé y re- descubrí lo mucho me gusta pisar hojas secas, me agrada ese sonidito que hacen bajo mis pies. Me senté en medio de una plaza vacia, al atardecre miré como el viento mueve suavemente las ramas de los arboles, otra de mis cosas favoritas, y pensé en mi soledad, en como esa plaza llena de nada, de hojas secas, arboles que se mueven y atardeceres, es mi vida. Me gusta estar solo, solo en la plaza. Nadie se acerca demasiado, tal vez mi mal aspecto los aleja, son desconocidos, eternamente desconocidos para mi, hasta que de pronto, detrás de un arbol, ella, la rubia mala, con su sonrisa y traje de escolar se acerca cruzando la plaza y mientras, me ocurre algo extraño, me preocupo de mi apariencia, "diablos, hace... dias que no me afeito", pienso, raro siendo ella una niña, que no me importa. Conversacion trivial. Adios. Solo de nuevo.
Es extraño, parece gustarme estar solo y lamentarme de aquello, aunque siempre me siento al margen, como esperando a alguien que desvíe mi pesamiento por el rumbo de una conversacion intrascendente, pero entretenida.
En fin, pienso en que hoy debo trabajar. Llamo a la Coté. Lejos. Entretenida. Malas noticias. Me recurda con esto mi indecisión ¿Más tiempo y menos plata? O ¿Menos tiempo, más lejos de los que quiero por más plata? Aún no lo sé, o tal vez si, pero con condiciones, no creo que esten en desacuerdo total, soy uno de los pocos que aún les queda.
Para finalizar, sólo me queda por decir que ayer NO salvé una vida, NO filosofé sobre la existencia humana, NO amé con todas mis fuerzas, NO encontré mi futuro ni hice nuevos amigos, NO planté un arbol ni tuve un hijo, NO escribí un libro, pero si pensé sobre mi en la plaza solitaria, mi vida con hojas por pisar, arboles por mirar y atardeceres por contemplar... solo.
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