envidia, azufre y vino blanco




Y si, me gusta el sabor de la envidia, el sabor del dolor el olor a azufre en el desayuno, las caras amargas y también las dulces inocentes, sin penas, sin recuerdos...

también me gustan otras cosas, de ellas no hablaré ahora en favor de la moral y de tus cachetes sonrojados con mis peticiones indecorosas. Te quiero, es cierto, pero no como tus esperas que te quiera, no te quiero, sólo te deseo y creo que fui muy claro cuando te pedí un tiempo para pensar, estar solo y probar otras bocas, otros cuerpos, otros olores, otros sabores.

Y si, es porque me harté de tu cara siempre igual, de tus pensamientos siempre iguales, de tu ademán de travestí de cuarto enjuague y de ese culo, parado y redondo, de esa boca fresca y dulce como vino blanco, de... parece que no estoy tan cansado de ti y tu...

como decía, me gusta sentir la envidia de verte en otros brazos, el dolor de saberte lejos, las peleas sin red de seguridad en la mesa y ser voyerista, mirar por la rendija sus rostros felices, tristes o desconcertados, los rostros de los niños al jugar, los rostros de...

Te dejo y es definitivo, no permanente si me lo preguntas, pues algún día quizás lejano te vuelva a tomar triste marioneta para jugar con los hilos de tus entrañas un jueguito sin mala intención ni resguardos moralistas, sin perros ni gatos peleadores, pero con muchos gritos, yagas y llamadas calientes a medianoche...

...te quiero, es cierto, pero no como tu esperas que te quiera...

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