Dicen que se esta enterando de su enfermedad, aunque todos estos años su familia se ha encargado de mantenerlo feliz, sin sobresaltos. Hace algunos días se ha puesto triste sin razón, ha dejado de hacer algunas cosas que antes al parecer le provocaban un enorme placer, dice que esta enfermo, pero cuando se le pregunta de qué, murmura algo y se pierde de nuevo en sus ensoñaciones… tal vez es mejor así.
Nadie salvo él sabe exactamente que le pasó, pero en la familia se comenta que esa noche de navidad entró con las lágrimas saltando, sólo para encerrarse en su pieza. Entre el feroz portazo y el alba fue que se desquició porque al otro día lo encontraron, tirado en su pieza, a medio vestir, embetunado de todo lo que el cuerpo produce. En al confusión de la fiesta nadie notó su entrada ni lo echaron de menos hasta la mañana del 1 de enero, de hace ya cinco años.
La viuda del almacén dice que cada cierto tiempo le cambia el nombre, y hace como si no la conociera. A veces me pone nombres de hombre, pero al tiempito ya se ha olvidado y me inventa otro... una no se enoja, como lo conoce y sabe que esta medio cucú el niño...
Su mamá piensa que algo le “hicieron esos amigotes que tenía”, pero tal vez no le moleste tanto su estado, ahora no sale y se mantiene entretenido en su mundo irreal que se ha ido construidote a poco, primero pasó del estado de estupidez a una lucidez a medias que apenas fue un momento antes de adentrarse en su mundo, creando día a día personas nuevas, mezclándolas con las reales y sus recuerdos fue haciéndose de un velo cada vez más grueso, pared que parecía indestructible entre si y la realidad.
“Ya esta grandecito pa’ andar con tonteras, ¡¿pa’ que tanto doctor vieja?! Yo le voy a dar a este cabro lo que necesita... unos buenos golpes que hartaza falta le hicieron cuando chico...” Es difícil saber quien sufre más con estas palabras, su madre al escudarlas o su padre al decirlas, lo cierto es que la piedra que tiene por corazón se apretuja, aja y sangra cada vez que lo ve salir o conversar solo, perdido en sus fantasías de estudios, amigos, quehaceres, sueños de una vida inexistente, capullo que por alguna casualidad o sortilegio se esta rompiendo muy de a poco.
En el barrio creen que ya no tiene vuelta, sus constantes ataques de ira y cambios conductuales parecen ir empeorando, mira sin ver, escucha, pero no oye, esta, pero completamente desconectado de la realidad que lo rodea.
En el cambio, no nota nada, el incidente es un detonador de creación del mas fantástico mundo, pero invisible, inexistente en su memoria. Cree estudiar lejos de la casa paterna, cree tener problemas con sus nuevas amistades, cree manejar muy mal su economía, cree incluso que esta mañana fue al consultorio y no fue atendido, cree tantas cosas que incluso puede recordar, porque para sus adentros las ha vivido con la intensidad que el exterior perdió de golpe y porrazo, es una piedra, una concha, un cascaron, lo más duro y frágil al mismo tiempo.
Nadie lo sabe, pero el otro día en sus tardes en la universidad inventada para si, un peladero lo bastante cerca de su casa, se golpeo su huevo contra el pavimento, entregado a una tarde de lecciones ilusorias entre las piedras y el barro se lo encontró, al verdadero y real culpable de su aislamiento. Lo vio tratando de pasar inadvertido en la vereda del frente, los recuerdos se apiñaron en su cabeza dolorosamente, su mundo se derrumbó por un segundo, lo vio todo muy claro, volvió donde todos nosotros estamos, es espanto le erizó cada pelo de la nuca mientras descubrió el prodigio, se vio rodeado de piedras, no compañeros, basura en vez de profesores y aulas.
Corrió con la vista nublada a cazarlo en un abrazo o a besar su cuello con un cuchillo medio oxidado que en sus manos había. Corrió, pero tropezó con un recuerdo, aquel en que entre besos desesperados le dijo por primera y única vez que lo quería, que se fueran juntos a ningún lugar, que huyeran de todo y todos.
Se encontró de pronto frente a la puerta del director de carrera, se dio media vuelta y medio aturdido entró al baño, se mojó la cara y se dijo para si que mañana mismo voy a que me internen en el sanatorio, que contaría todo acerca de sus visiones de un santiago decadente, de la cancha vacía, de cómo de pronto todo se le nublaba y se veía en otro lugar, en el vecindario de la infancia, o entre sus padres, pero agrietados y cansados. De cómo desde hace algún tiempo le viene ocurriendo esto si saber por qué.
-¿Qué hace ud aquí?- Preguntó con voz firme, se dio media vuelta y le hizo un ademán lleno de desprecio para que se sentara.
-No gracias… No sabía nada hasta ayer. Vine en cuanto pude… lo cabo de ver…-
-No ha contestado mi pregunta ¿Viene a disculparse o a reírse de nosotros?- Dijo sin voltear. Una gota comenzaba a rodar por su mejilla.
-E…eso, yo nunca quise que esto pasar…-
-¡Pero pasó! Ya no ha nada que ud pueda hacer por nosotros, váyase por donde vino-
-Dime cuando y donde-
-Mañana en el peladero te espero después de la cena-
-¿Y si no te dejan ir?-
-Llego. Te lo prometo- Lo besó y se fue. Aquella noche no durmió esperando y el último día del año no participó en los preparativos de la festividad, sólo se mantuvo esperando, haciendo planes. Recordó también el frío de aquella noche, el camino a tientas al lugar del encuentro y finalmente el mensajero que le trajo la negativa a todos sus pueriles sueños. Con el alma destrozada corrió a su casa, sólo quería estar dormido, perderse en sus sueños, pensar que todo fue una pesadilla, pero una vez en su pieza no pudo pegar un ojo, mas bien entre sólo consiguió aumentar los recuerdos, entre sollozos se prometió olvidarlo, mientras los recuerdos se agolpaban en su cabeza dolorosamente.
Cruzó la calle corriendo, esta lloviendo fuerte y no quiere mojarse más, entra apurado a la pensión y de pronto no es tal, lo que ve no es su cuarto de universitario, mas bien ve a su madre, en la casa de Santiago, ve sus rodillas embarradas, el cuerpo tendido y nuevamente a su madre, sentada, jadeando, con el mas grande cuchillo en la mano, goteando sangre humeante. – Mi niño, ¡llegaste!- Una risa horrible naciéndole de la ensangrentada cara.
Nadie salvo él sabe exactamente que le pasó, pero en la familia se comenta que esa noche de navidad entró con las lágrimas saltando, sólo para encerrarse en su pieza. Entre el feroz portazo y el alba fue que se desquició porque al otro día lo encontraron, tirado en su pieza, a medio vestir, embetunado de todo lo que el cuerpo produce. En al confusión de la fiesta nadie notó su entrada ni lo echaron de menos hasta la mañana del 1 de enero, de hace ya cinco años.
La viuda del almacén dice que cada cierto tiempo le cambia el nombre, y hace como si no la conociera. A veces me pone nombres de hombre, pero al tiempito ya se ha olvidado y me inventa otro... una no se enoja, como lo conoce y sabe que esta medio cucú el niño...
Su mamá piensa que algo le “hicieron esos amigotes que tenía”, pero tal vez no le moleste tanto su estado, ahora no sale y se mantiene entretenido en su mundo irreal que se ha ido construidote a poco, primero pasó del estado de estupidez a una lucidez a medias que apenas fue un momento antes de adentrarse en su mundo, creando día a día personas nuevas, mezclándolas con las reales y sus recuerdos fue haciéndose de un velo cada vez más grueso, pared que parecía indestructible entre si y la realidad.
“Ya esta grandecito pa’ andar con tonteras, ¡¿pa’ que tanto doctor vieja?! Yo le voy a dar a este cabro lo que necesita... unos buenos golpes que hartaza falta le hicieron cuando chico...” Es difícil saber quien sufre más con estas palabras, su madre al escudarlas o su padre al decirlas, lo cierto es que la piedra que tiene por corazón se apretuja, aja y sangra cada vez que lo ve salir o conversar solo, perdido en sus fantasías de estudios, amigos, quehaceres, sueños de una vida inexistente, capullo que por alguna casualidad o sortilegio se esta rompiendo muy de a poco.
En el barrio creen que ya no tiene vuelta, sus constantes ataques de ira y cambios conductuales parecen ir empeorando, mira sin ver, escucha, pero no oye, esta, pero completamente desconectado de la realidad que lo rodea.
En el cambio, no nota nada, el incidente es un detonador de creación del mas fantástico mundo, pero invisible, inexistente en su memoria. Cree estudiar lejos de la casa paterna, cree tener problemas con sus nuevas amistades, cree manejar muy mal su economía, cree incluso que esta mañana fue al consultorio y no fue atendido, cree tantas cosas que incluso puede recordar, porque para sus adentros las ha vivido con la intensidad que el exterior perdió de golpe y porrazo, es una piedra, una concha, un cascaron, lo más duro y frágil al mismo tiempo.
Nadie lo sabe, pero el otro día en sus tardes en la universidad inventada para si, un peladero lo bastante cerca de su casa, se golpeo su huevo contra el pavimento, entregado a una tarde de lecciones ilusorias entre las piedras y el barro se lo encontró, al verdadero y real culpable de su aislamiento. Lo vio tratando de pasar inadvertido en la vereda del frente, los recuerdos se apiñaron en su cabeza dolorosamente, su mundo se derrumbó por un segundo, lo vio todo muy claro, volvió donde todos nosotros estamos, es espanto le erizó cada pelo de la nuca mientras descubrió el prodigio, se vio rodeado de piedras, no compañeros, basura en vez de profesores y aulas.
Corrió con la vista nublada a cazarlo en un abrazo o a besar su cuello con un cuchillo medio oxidado que en sus manos había. Corrió, pero tropezó con un recuerdo, aquel en que entre besos desesperados le dijo por primera y única vez que lo quería, que se fueran juntos a ningún lugar, que huyeran de todo y todos.
Se encontró de pronto frente a la puerta del director de carrera, se dio media vuelta y medio aturdido entró al baño, se mojó la cara y se dijo para si que mañana mismo voy a que me internen en el sanatorio, que contaría todo acerca de sus visiones de un santiago decadente, de la cancha vacía, de cómo de pronto todo se le nublaba y se veía en otro lugar, en el vecindario de la infancia, o entre sus padres, pero agrietados y cansados. De cómo desde hace algún tiempo le viene ocurriendo esto si saber por qué.
-¿Qué hace ud aquí?- Preguntó con voz firme, se dio media vuelta y le hizo un ademán lleno de desprecio para que se sentara.
-No gracias… No sabía nada hasta ayer. Vine en cuanto pude… lo cabo de ver…-
-No ha contestado mi pregunta ¿Viene a disculparse o a reírse de nosotros?- Dijo sin voltear. Una gota comenzaba a rodar por su mejilla.
-E…eso, yo nunca quise que esto pasar…-
-¡Pero pasó! Ya no ha nada que ud pueda hacer por nosotros, váyase por donde vino-
-Dime cuando y donde-
-Mañana en el peladero te espero después de la cena-
-¿Y si no te dejan ir?-
-Llego. Te lo prometo- Lo besó y se fue. Aquella noche no durmió esperando y el último día del año no participó en los preparativos de la festividad, sólo se mantuvo esperando, haciendo planes. Recordó también el frío de aquella noche, el camino a tientas al lugar del encuentro y finalmente el mensajero que le trajo la negativa a todos sus pueriles sueños. Con el alma destrozada corrió a su casa, sólo quería estar dormido, perderse en sus sueños, pensar que todo fue una pesadilla, pero una vez en su pieza no pudo pegar un ojo, mas bien entre sólo consiguió aumentar los recuerdos, entre sollozos se prometió olvidarlo, mientras los recuerdos se agolpaban en su cabeza dolorosamente.
Cruzó la calle corriendo, esta lloviendo fuerte y no quiere mojarse más, entra apurado a la pensión y de pronto no es tal, lo que ve no es su cuarto de universitario, mas bien ve a su madre, en la casa de Santiago, ve sus rodillas embarradas, el cuerpo tendido y nuevamente a su madre, sentada, jadeando, con el mas grande cuchillo en la mano, goteando sangre humeante. – Mi niño, ¡llegaste!- Una risa horrible naciéndole de la ensangrentada cara.
1 comentario:
lo escribiste tu? esta notable =o
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