Vi las luces de san pedro reflejadas en el espejo exagerado y ridículamente romanticón del Bio-bio, vi las estrellas brillantes y claras enmarcadas por nubecillas blancas en esa noche sin luna, vi las poblaciones con sus farolitos en línea, amarillentos. Finalmente sentí el viento suave y frío en mi cara, colándose por mi sonrisa de esta-es-la-última-vez, después pura ansiedad, cigarros, alcohol y mucha comida a deshora mezclada con algunas sonrisas furtivas cada vez que recordé el asunto, como ahora.
Me tomo una chela (si, son efectivamente las 11:30… de la mañana) mientras pienso en los psicólogos y su función de espejos, en realidad toda la pega la hace el paciente mientras el galeno sólo se dedica a oír con atención y devolver lo escuchado con otras palabras para confrontarlo. Pienso en mi afán de buscarle la quinta pata al todo y mis altas expectativas respecto a mi mismo, a la presión que me ejerzo yo mismo… contra mi!
Vuelvo sobre mis pasos y me encuentro conmigo mismo haciendo cosas estúpidas, irreflexivas, con gente equivocada, en lugares inapropiados, creyendo sentir cosas que no eran tal.
No sé si estoy madurando, no sé si se consiga eso algún día. Sólo sé que me gustaría volver a escribirlo de vez en cuando, que me sirve para evitar convertirme en un asesino serial o un suicida dramático y me ayuda a comprender, tardíamente, por qué hago lo que hago. Me hace sentir bien conmigo mismo y eso es lo que estoy buscando, además de un fabuloso corte de cabello.
Eso.
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