paraiso (casi) perdido

Tropiezo con la piedra anunciada, me hago el tonto pero dios mira con cara de decepción y yo-te-dije entonces me doy cuenta del error y sólo tras la confirmación de la gravedad de la herida un río de sangre mana de la puñalada. Me tomo la cabeza, la pongo entre mis rodillas, mas aún, trato de meterla en el centro de mi cuerpo, con vergüenza y en un intento por remediar el dolor que me provoca el aire en mi pecho, me siento vacío, peor aún, no siento nada.

Siempre me sentí malo para todo, bueno para nada, flojo, miedoso y estúpidamente soberbio, pero nunca pensé ser capaz de algo así, nunca me creí un traidor, más aún cuando prometí no serlo. Sobrio y despierto no hay derecho al perdón.

Sólo me queda una duda, ¿esa piedra es un filtro para los descuidados y debiles, una prueba para entrar al cielo, o un monumento al dios de mi propio dios que no ha de ser alcanzado por el que yo toqué y asesiné?

Me siento mejor, pero no menos culpable.

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